POR QUÉ DEJÉ DE ESCRIBIR, POR J. DE LA ROSA

Me llamo J. de la Rosa y soy escritor. En septiembre de 2016 dejé de escribir, de actualizar mis Redes Sociales, mi blog, de contestar e-mails y de acudir a eventos. Quiero contarte por qué y por eso me desnudo ante mis lectores.



Cuando tenía 11 años me enamoré de mi compañera de pupitre. Introvertido y circunspecto no sabía cómo actuar, así que me declaré con un poema. El resultado fue un calamitoso desastre. El poema era un ripio espantoso con rima consonante terminada en –ado que la dejó con la impresión de que aquel vecino de banca estaba como una cabra. Muchos años después quiero ser iluso y pensar que aquella experiencia humillante me enseñó tres cosas:
  1. Que para ligar es mejor dejarse de tonterías.
  2. Que a pesar de no haber conseguido lo que quería y de haberme convertido en el hazmerreír de mi clase había hecho exactamente lo que pensaba, sin importarme las consecuencias, y eso me gustaba.
  3. Que la escritura sería de ahí en adelante mi manera de enfrentarme al mundo, para bien o para mal.
En septiembre del año pasado, coincidiendo con el lanzamiento de mi última novela (Todas lasestrellas son para ti), decidí que había llegado el momento de dejar de escribir.

Públicamente lo disfracé bajo el epítome “Me he tomado un año sabático”. Había demasiadas cosas que explicar, tantas que incluso yo no entendía y tampoco sabía cómo hacerlo. Pero lo que de verdad sucedía era que había tomado la decisión firme de que mi carrera como escritor había llegado a su fin.

Me he dado cuenta de que hasta el día de hoy no he tenido claro qué es ser escritor ya que puede significar muchas cosas. De alguna manera me había convencido a mí mismo de que esta profesión necesita una serie de acciones imprescindibles. Acciones paralelas a la mera palabra que ocupan una parte importante del desempeño profesional. He puesto el corazón en cada una de ellas, a pesar de mirarlas con una ceja levantada:
  • Por ejemplo, es de gran valor tener una visión práctica de las Redes Sociales, localizando a los prescriptores, interactuando estratégicamente, movilizando a los lectores.
  • Hay que evitar ser perezoso nadando en una sola Red. Utiliza Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, Pinterest. Allí están nuestros lectores y allí debemos estar nosotros.
  • Hay que ser precisos e interactuar. No dejar jamás comentarios sin valorar, emails sin responder ni likes sin pulsar. En todas tus Redes Sociales. Cuidadosamente. Todos los días.
  • Es conveniente generar contenidos de valor, o ser gracioso, o ser intrépido, porque aportar conocimiento a los demás y provocar favorece tu lectura. A eso ayuda el saber poner nombres llamativos a tus post, vincular a los superfans, llamar a la acción.
  • Importa la visibilidad física, por lo que no hay que desestimar las invitaciones a eventos, a encuentros, a presentaciones, a firmas, aunque no tengas algo realmente importante que decir.
  • Es adecuado tener un conocimiento detallado de tu público objetivo, aquel al que te diriges y para el que escribes: su edad, su ubicación, su nivel económico y cultural, conocer qué le gusta hacer, cuáles son sus aficiones, etc.
  • Es aconsejable mantener un blog temático donde tratar todos aquellos temas que te aporten solidez como escritor.
  • Favorece hacer NetWorking con grupos organizados, con otros autores, con la gente del sector, cuanto más mejor, ya que estar bien conectado puede ser sinónimo de encontrar más lectores y editores que disfruten de tu obra.
  • Es muy recomendable hacer Guest-posting actuando como invitado en blogs de tu cuerda. Amplía de forma exponencial el público al que te diriges. Consigues que más gente te conozca, que más lectores en potencia te descubran.
  • Siempre respetando la normativa en curso favorece enormemente hacer e-mail marketing. El email de un lector es un tesoro porque así puedes mantenerlo al tanto de tus novedades, de tus lanzamientos, de por dónde respiras.
  • Este esfuerzo hay que maximizarlo, así que importa dominar el posicionamiento SEO. Saber quiénes entran en tus redes, en tu blog, de dónde son, qué leen, a qué se dedican, en qué subgrupos, nichos, podemos clasificarlos.
  • Es recomendable generar una marca personal. Que nadie dude de quién eres, qué haces, cuál es tu obra. ¿Es que acaso los grandes escritores no la han confeccionado de manera consciente o inconsciente?
  • Y hay que escribir
Como la mayoría escribo robando: Robo tiempo a mi familia, tiempo a mi trabajo, tiempo a mis amigos, a mis vacaciones, a mi descanso, a mis comidas. Busco huecos imposibles donde poder seguir con mi deseo de ser escritor, que lo devora todo.


En septiembre de 2016 descubrí que, aparte de las relaciones personales con lectores a los que quiero de verdad, lo único que me hacía feliz de la lista anterior era el último punto, y sin embargo dedicaba mi escaso tiempo robado a todo lo demás. 


Llevo meses meditándolo, y he llegado a las siguientes conclusiones:
  • Quiero que las Redes Sociales sean el lugar de encuentro natural con mis buenos lectores y con amigos. Sin obligaciones, sin horarios, nada práctico. Nada más.
  • Jamás he conseguido saber cómo funciona Twitter, ni me parece que mi vida tenga nada interesante que compartir por Instagran o Pinterest, a menos que subir la tostada diaria con aceite y jamón le interese a alguien. Y odio grabarme en video. Con Facebook me sobra y me basta. Me gusta esa Red aunque sea anticuada, lo reconozco. Me gusta hablar y saludar, saber de la gente que quiero y aprecio con el paso de los años.
  • Si no sé dónde dejo las llaves y he de hacerle una foto al coche cuando lo dejo en el aparcamiento para encontrarlo a la vuelta… ¿Cómo voy a poder llevar un cuidadoso seguimiento de quién interactúa conmigo? No quiero ser políticamente correcto, tampoco adoptar la pose de incorrecto. Soy un desastre y es posible que haya que aceptarme así.
  • Quiero hablar en mi blog de cosas banales: de mi marca de clínex favorita, de si he batido mi récord corriendo, de las papas con carne que me he comido… sí, también de mis libros, del universo…. Pero sin dejar de hablar de clínex y papas con carne. Ansío artículos con títulos tan llamativos como “Mis papas con carne”. Ese es el valor que puedo aportar.
  • He conocido a muchas de las personas que más quiero y admiro gracias a los libros. De eso no me arrepiento en absoluto, solo puedo dar las gracias. Sin embargo soy tímido y hogareño. Sueño con el fin de semana en chanclas donde quedarme en casa, ver series y leer. No me gusta exponerme al público. No quiero ir a eventos, ni a firmas ni a presentaciones. Tengo pocas cosas interesantes que contar que no estén escritas en mis novelas. Soy ermitaño y quiero seguir siéndolo.
  • Lo que de verdad me importa es que mis lectores me han regalado la oportunidad de leerme. De donde sean, como sean, lo que les guste… me da igual. Al día de hoy me considero tan afortunado de haber podido encontrar grandes amigos entre personas que hemos contactado a través de la pasión por los libros que… ¿qué más puedo pedir? Hombre, mujer, estudiante, jubilado, gay, hetero, del norte, del sur, médico, obrero, independentista, nacional, pensionista, folklórico, postmoderna, de Bogotá o Bilbao… ¿qué importa?
  • Nunca he sido hombre de marcas, de hecho compro marcas blancas y si algo me gusta y tiene una gran pegatina la descoso con cuidado. Mi marca personal también la descosí hace tiempo.
  • Y hay que escribir.
Te estarás preguntando quién me había obligado a hacer todas esas cosas de las que ahora reniego. La respuesta te va a sorprender. NADIE. Miento, quizá mi vanidad. Cuanto más aprendía, cuanto más estudiaba, cuanto más me creía un escritor, más seguro estaba de que ese era el camino. Manuales, blogs, conversaciones con colegas. Mi ignorancia. De pronto descubrí que había dejado de ser aquello por lo que había luchado toda mi vida, aquello que aprendí tras soportar las burlas por un poema ripioso leído en voz baja a una enamorada: un escritor.

Había dejado de serlo para convertirme en algo que no identificaba, y que un amigo se atrevió a definir como e-Scritor

En septiembre de 2016 decidí que no quería hacer nada de esa larga lista que no fuera el último punto. Me hacía infeliz. Me daba igual pasar de vender unos pocos y honrosos miles de libros a unas escasas docenas, me daba igual estar en las mesas de novedades que en las estantería más recóndita. SOLO quería escribir.

¿Y el precio a pagar? Lo ignoro. No me importa el precio a pagar... mejor dicho, estoy dispuesto a afrontarlo. Eso te lo contaré dentro de una semana y espero que te gusteHay que ser consecuente con lo que uno quiere. Quiero ser un ermitaño literario. Mi blog es mi casa y aquí (y en Facebook) me encontrarás. Un beso enorme.
Con la tecnología de Blogger.