30 errores que no debes cometer al escribir una novela romántica

¿Las novelas que se publican son las mejores que llegan a una editorial? La respuesta es rotunda. No. Llevo diez años leyendo manuscritos y he tenido que dejar pasar novelas realmente buenas, pero que no se ajustaban en absoluto a la línea editorial que publicábamos. Por lo tanto lo que vemos en el mercado no son las mejores novelas escritas, sino las que mejor se ajustan a las diferentes directrices de sello y editoras. 

Independientemente de esto, también llegan novelas que dejan mucho que desear. Algunas están mal estructuradas, otras flaquean en los personajes, o en el narrador, o en la presentación. En este artículo quiero contarte los 30 errores más habituales que he encontrado al analizar las novelas románticas que han llegado a mis manos durante una década. Lo he centrado en cinco grandes bloque: la estructura, los personajes, los escenarios, el tiempo narrativo, el narrador y la narración. Espero que te sea útil. 

1. Empezar describiendo.


Veamos el comienzo de una novela como la oportunidad que nos da el lector para seguir leyendo. Si no le interesa, la alternará con otra, o lo que es lo mimos, leerá unas cuántas páginas más hasta dejarla en el estante de los libros olvidados. En las editoriales se les da una importancia primordial a estas primeras páginas, por lo que nunca es perder el tiempo repasarlas, e incluso escribir varios comienzos para, al final, elegir el que mayor efecto cause en el lector.

Una vez dicho esto, debemos evitar  comenzar con largas descripciones: el salón de una casa, el estado anímico de nuestra protagonista, el pasado del héroe. Es recomendable comenzar con un diálogo potente o con una escena de acción.

2. Explicarlo todo al principio.


De la misma manera hay tendencia en querer ubicar “demasiado” al lector al comienzo de la novela, explicando de dónde viene el protagonista, cuál es su pasado, sus traumas, y sus problemas. Evitémoslo a toda costa. Recuerda que al principio una novela engancha más por lo que no dice que por lo que dice.

3. Tener un conflicto de baja intensidad.


Aquí me quiero detener un poco más.  Una novela se define como la historia de un conflicto, por lo que si este conflicto es débil la novela, por definición, será ligera.

¿Qué es un conflicto de baja intensidad? Aquel que se puede resolver con facilidad porque depende de una toma de decisión sencilla. Centrémonos en conflictos de la trama sentimental. Por ejemplo una intención (ella lo odia a él porque odia a los marineros. O él no puede estar con ella porque una vez su antigua novia lo traicionó).  Este tipo de conflictos funcionan y nos van a mantener la tensión al comienzo de la obra, pero más adelante tendremos dificultades para hacer una obra sostenible ya que la resolución del conflicto es tan fácil como cambiar de opinión. ¿Cómo lo resolvemos si nos encaprichamos de un conflicto de intensidad baja? Pues concatenando conflicto, por ejemplo… pero ese no es el objeto de este artículo. Ya lo veremos en otra ocasión.

Puede haber conflictos de media intensidad (ella está casada por lo que la decisión que tiene que tomar para resolver el conflicto es más delicada; o él es el asesino de su hermano, por lo que de nuevo la resolución del conflicto requiere de más esfuerzo) que aportarán una mayor tensión hasta conseguir su resolución. 

Y lo ideal sería diseñar conflictos de alta intensidad aunque no siempre es posible (él fallece a mitad de la novela o ella debe acabar con él si no quiere morir) cuya resolución es complicada, y más si queremos que sea creíble, lo que por sí solo es capaz de mantener un buen impulso hasta el clímax de la novela.

4. Carecer de impulso.


Una novela romántica debe estar construida bajo la estructura del impulso. ¿Y qué es esto? Que sea capaz de generar continuos enigmas en el lector, a la vez que va resolviendo otros. Nos da igual el subgénero (Sentimental o Paranormal), pero al lector siempre debemos ponerlo en la posición de necesitar pasar una página más antes de cerrar el libro hasta la próxima lectura.

5. Carecer de estructura.


Y la novela se diluye. La estructura es el armazón, la percha sobre la que se construye el argumento. Si no calculamos adecuadamente cada uno de sus puntos de fuerza, de giro, la novela se desplomará como un castillo de naipes.

6. Usar protagonistas estereotipados.


En la novela de género en general y en la romántica en particular es habitual el uso de personajes estereotipados. Personajes manidos, demasiado leídos, demasiado predecibles. La secretaria lista, el guerrero sensible, la noble inconformista, el ligón sobrado. Huyamos de ellos o al menos démosles un toque que los haga impredecibles. Busquemos a nuestro alrededor y localicemos nuevos perfiles para nuestros protagonistas.

7. Usar secundarios tan atractivos como los protagonistas.


Me lo encuentro más veces de lo que imaginas y suele tener que ver con la falta de un diseño previo de la novela. No podemos olvidar en ningún momento que una novela romántica cuenta la historia de dos personajes concretos y que los secundarios que aparecen en ella tienen como función ayudar a que esta historia sea más interesante (por contraste, apoyo, dimensión, antagonismo, etc.) Pero cuando perdemos esto de vista de pronto el lector se encuentra más interesado en la vida de una pareja de secundarios que en la de los protagonistas… y entonces nuestra novela ha fallado.

8. No conocer a fondo los personajes.


De los protagonistas debemos saber tanto como para poder insuflar en el lector una imagen física y psicológica de ellos con las mínimas palabras posibles.

Cuando los crees, esfuérzate por conocerlos a fondo porque después, cuando diseñes los obstáculos que interpondrás en su camino, su forma de enfrentarse a ellos debe ser coherente. No podemos diseñar  a una chica tímida pero segura de sí misma, o a un caballero déspota pero emotivo.

Un truco que siempre aconsejo: conoce los secretos más profundos y los deseos más íntimos de tus protagonistas. Lo secretos paralizan y los deseos nos hacen avanzar. Éstos no tendrán que aparecer en la novela, pero los conocerás casi como a tu amigo íntimo, de quien lo sabes todo.

9. Dejar que los personajes se “desarrollen”.


En verdad es una proyección de lo anterior. No hay nada tan desalentador que cuando se está leyendo una buena novela los personajes pierdan consistencia. Algunos autores dicen que se debe a que simplemente los han perfilado y han dejado que él o ella viva mientras la novela avanza. Si se hace con maestría esto es perfecto. Si no, vemos que el personaje se nos cae de las manos.

10. No saber qué obstáculos deben superar los protagonistas.


Como decíamos al principio, una novela es la historia de un conflicto y cuando nuestros protagonistas transitan por el conflicto salen de él transformados. Desde el principio de la novela debemos saber en qué dirección irá esa transformación (el bueno se vuelve malo o la tímida intrépida) y diseñar los obstáculos que pongamos en su camino para conseguir este fin.

11. Pensar que los escenarios deben ser solo atractivos.


Es un error muy común diseñar el espacio para que sea bello, atractivo, deslumbrante. Nada más lejos de la realidad. El escenario tiene una dimensión narrativa y creo que lo vas a entender con un ejemplo: imagina a un hombre que besa apasionadamente a una mujer. Tendremos un efecto distinto si esto lo hace de madrugada, en una fiesta que está a punto de terminar, o en el claustro de un convento mientras las monjas rezan maitines.

12. No ubicar al lector.


El lector siempre debe saber dónde se encuentra por lo que una novela lleva insertado un mapa invisible. Han caído en mis manos muchas novelas más o menos acertadas donde he sido incapaz de descubrir en qué lugar estaba en cada momento.

13. Diseñar escenarios estáticos


En una novela diseñamos un número de escenarios que muchas veces se repiten una y otra vez en la obra; la sala del gimnasio, la cafetería de la amiga, el baño, etc. Pues bien, estos escenarios deben cambiar en función del tono dramático de la escena. Veámoslo con un ejemplo: dos escenas que se desarrollan en un salón de una casa. En la primera ellos se conocen por primera vez, por lo que el salón es frío, poco acogedor, ordenado. En la segunda se despiertan después de haber hecho el amor, por lo que está desordenado, lleno de flores, con olor a la panadería de abajo.

14. Pararse en el espacio, no en el ambiente.


Muy habitual también encontrarnos con escenas donde el espacio es descrito con minuciosidad (un baile por ejemplo), pero en absoluto el ambiente. Cuando es este último el que da carácter a la escena.

15. Ser planos.


Hablando de escenarios, debemos huir de lo estándar. Mil novelas y mil escenarios parecidos; la cabaña en la montaña, la mansión prodigiosa, el castillo en el lago. Es importante en la fase de diseño de la novela que nos esforcemos por buscar escenarios distintos, novedosos.

16. Perder el norte.


La documentación es el norte. No más castillos escoceses en el siglo XII con grifos de agua caliente y fría en un baño con bañera.

17. No acotar el tiempo.


No acotar el tiempo de nuestra novela es un error que nos puede salir caro. Yo le pregunto a mis alumno ¿Cuándo se desarrolla tu novela? Y me contestan, hoy mismo, o en la Edad Media, o en la Guerra Civil. La respuesta correcta es del 14 de enero de 1868 al 13 de febrero de 1869, porque así no erraremos en cosas tan sencillas como si nuestros personajes tienen que vestir de invierno o de verano, si hay festividades, o guerras, o epidemias, si llueve o nieva o el sol quema.

18. No tener en cuenta la climatología.


He leído muchos borradores donde me ha costado trabajo creer que estoy realmente donde el autor dice que se desarrolla la novela. Un día hacía frío y al siguiente se morían de calor, para el de más allá caer una nevada. ¿Por qué? Por lo mismo que el punto anterior.

19. Volverse loco con los flashback.


El flashback es un buen recurso para no tener que retrotraernos demasiado al explicar los antecedentes de nuestro conflicto, pero hay que usarlo con mesura. Recuerda las normas: debemos dejar claro al lector que vamos a retroceder en el tiempo, quién, a dónde, durante cuánto tiempo… y que hemos vuelto.

20. No tener una estructura temporal clara.


No es un error, pero suele causar extrañeza. Si durante 200 páginas nos hemos movido en un tiempo continuo, no suele dar buen resultado que en las 5 páginas siguientes hayan pasado 30 años y después otros 6 en las próximas 150. ¿No hay otra manera de resolverlo?

21. Elegir el narrador que más nos guste.


El narrador no es un capricho del escritor. Es una figura que tiene por objeto obtener el mejor resultado de nuestro argumento. Hay textos que funcionan bien con un narrador omnisciente, mejor con un protagonista y regular con un testigo. ¿Cuál debemos usar nosotros? Aquel que sea capaz de sacar el mayor partido a la historia que estamos contando.

22. Usar dos narradores “porque yo lo valgo”.


En mis cursos es habitual encontrar alumnos que me dicen que van a usar dos narradores (él, por ejemplo, y ella). Y yo siempre les pregunto que por qué. El uso de múltiples narradores es eficaz cuando cumple un objetivo (ejemplo “La mujer justa” de Sándor Márai), pero cuando se utilizan “porque me place” suelen llevar al lector a peguntarse… ¿Qué está pasando aquí?

23. No tener en cuenta las diferentes perspectivas.


En casos como el anterior, cuando un autor quiere destacar el punto de vista del otro protagonista, recomiendo que en vez del uso de doble narrador, se empleen cartas, e-mails, diarios, grabaciones, películas antiguas, etc. Todos elementos que nos permiten desprendernos del narrador principal sin demasiados artificios.

24. No tener en cuenta los diferentes puntos de vista.


En una misma novela y con un mismo narrador podemos contar la historia alternando de forma coherente los diferentes puntos de vista. Podemos ver una escena desde él, y la siguiente desde ella. Un ejemplo, aunque fuera de la romántica, lo vemos como una de las claves de “Canción de hielo y fuego”, de George R. R. Martin.

25. Conformarse con el primer resultado.


Sé que muchos narradores se nos agarran como sanguijuelas, pero siempre recomiendo, cuando se comienza a narrar la novela, probar con diferentes narradores. ¿Y si en vez de contarla con un narrador omnisciente la cuento con uno testigo? Hazlo, prueba, verás cómo te sorprendes.

26. Diálogos estereotipados y mal escritos ortográficamente.


¿Cuál es la clave de un buen diálogo? Que sea natural. Cuando nuestros personajes hablan debemos creernos lo que dicen. No puede sonarnos a artificio. ¿Eso significa que deben hablar como la gente de la calle? No. Deben hablar como los personajes de una novela, no como robots.
Igualmente muchos de los diálogos que me llegan están cargados de erratas en su ortografía, o están poco dinamizados, o son demasiado estáticos. Un buen diálogo, y más en novela romántica, es demasiado importante como para poner la novela en cuestión.

27. Texto mal formateado


Un texto debe llegar a una editorial en condiciones óptimas. Esto es: con una fuente fácil de leer como Times New Roman o Arial, en tamaño 12pp. Con el texto justificado en ambos márgenes. Sangrado suficiente en la primera línea de cada párrafo. Sin salto de líneas entre párrafos, e interlineado de 1,5 o 2. Nada más. Nada menos.

28. Baile de tiempos verbales.


Los tiempos verbales deben tener coherencia con lo que estamos narrando.  No podemos cambiar en un mismo párrafo de pasado a presente sin una justificación u objetivo.

29. Exceso de adverbios terminados en mente.


Cuéntalos. ¿Cuántos has insertado en una página? No es un error, pero dan un aspecto macilento al texto. Más de tres es excesivo. Más de cinco… debes de dejar de leer textos legales.

30. Mal uso de los gerundios.


El gerundio es una forma invariable del verbo que no indica ni el tiempo ni el género ni el número en que transcurre la acción. Usarlos mal es muy fácil por lo que es necesario que conozcas adecuadamente su funcionamiento. Te pongo un ejemplo para que lo veas: Se escaparon de la cárcel, tras lo cual huyeron al extranjero (correcto). Se escaparon de la cárcel, huyendo al extranjero (incorrecto). Encontrarás en la red decenas de guías de cómo usarlos.

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